Change the Change

Cerramos un año y parece obligado hacer balance. Empieza 2020, nos dolerán los mismos huesos pero creeremos abrir una nueva página del calendario y que el nuevo año nos va a traer un gran futuro. Trampas al solitario. Pero personalmente acabo el año con una palabra: Esperanza, esa es mi palabra.

COP25 Chile-Madrid. Estación Ambición

Y empiezo por el final, la COP25 de Madrid. Me resistí a hacer un balance negativo de la COP25, y hasta en algún medio hicieron bromas sobre ello ( …lo que hace una tijera malmetida!..). Quizás lo dejé muy fácil, no era para menos el momento, porque cuando esa misma mañana la declaración final de la COP ponía de relieve que no se había llegado a un acuerdo de los mercados de Carbono, mi balance personal fue de optimismo y así lo transmití a los medios.

Las sensaciones con la que yo viví la Cumbre del Clima y las conclusiones con las que volví no fueron para nada malas. Tanto por la participación de la Delegación Vasca, que fue más que buena, con mucho trabajo positivo, muchos encuentros que darán su fruto y mucha presencia de alto nivel en el contexto internacional; pero también mis conclusiones proviniero del desarrollo de la propia cumbre.

Mucho se ha hablado ya de ello y no me voy a extender pero, en primer lugar me gustaría apuntar que hemos sufrido tras la COP a demasiados opinadores que han hablado sobre lo que han oido de otros opinadores que a su vez han leido de otros opinadores que en definitiva ni han estado ni conocen las COP. Lo positivo, que se ha hablado mucho del Clima y eso, bien enfocado es absolutamente necesario.

Y, especialmente en Madrid la gran movilización social también generó un cierto ambiente de Feria de Pueblo: «el que no iba es que no era».  Vimos demasiados impostadores que fueron a hacerse LA foto, a decir que participaron (alguno casi no pasó de la puerta) y eventos que enunciados como «en el marco de la COP» o sea traducido: en un hotel cercano, podían haberse organizado en Astigarraga que el erario público lo hubiera agradecido. Y vimos hasta predicadores en Ifema, y hasta algun personaje autoerigido bajo este modelo de telepredicador al frente de una franquicia del clima en España. Porque además de este fenómeno «popular» que se generó en Madrid,  las celebrities del clima siguen allí, como en todas las últimas cumbres del clima. Construyendo relatos que les permitiran hacer bolos a lo largo del año.

Paisaje y paisanajes aparte, la COP de Madrid fue extraordinaria, su mera celebración creo que es algo no suficientemente valorado. La ilusión y el trabajo bien hecho por parte de la organización y del conjunto del Gobierno de España con el Ministerio para la Transición Ecológica a la cabeza y la movilización social que generó se palpaba por los pasillos de Ifema. También las grandes expectativas que se generaron.

Expectativas que lamentablemente no se cumplieron pero ante las que ya desde los primeros días se nos advirtió: En cuestión de mercados, más vale no acordar ahora que un mal acuerdo. Justo acababa de empezar la cumbre.

Y fue tal cual, pero así como en Katowice se avanzó muy muy poco, creo que los avances de Madrid son los que realmente van a facilitar que en el año 2020, con las preCOP y la cita de Glasgow den finalmente el resultado que todos esperamos. Eso o cae el Acuerdo de París. Y,  ¿que alternativa tenemos?. No me lo puedo imaginar.

Con la vista atrás, en la COP23 de Bonn presidida por Fiji, mi primera experiencia en una COP, hubo también 2 zonas, Bonn la de las negociaciones y Bula la de la sociedad Civil. Dos zonas separadas físicamente y muy separadas estructuralmente. La de las negociaciones fue una zona hermética, seria y a veces tétrica mientras el auténtico movimiento estuvo en torno a la zona Bula con el Diálogo de Talanoa, donde los agentes no estatales cobraron voz por encima de la voz oficial que se oía a la lejanía. Ya se vió como la lucha contra el cambio climático no era sólo una cuestión de estados y negociacion multilateral sino que los gobiernos subnacionales, las ciudades, las organizaciones sociales, los científicos, los centros tecnológicos, etc. empezaban a ser los protagonistas y motores del cambio.

Katowice, la 24, fue una cumbre fría, no sólo por la nieve que la rodeó sino por la lucha que hubo para no aceptar la voz de los científicos y no incorporarla a los acuerdos. Las 2 zonas se difuminaron y se mezclaron, la actividad tanto en la negociación como en la parte más social alcanzaron un nivel, en mi opinión, muy planito. Y la sensación fue de muy poco avance en lo fundamental.

Greta Thunberg llegando a Madrid
Greta Thunberg llegando a Madrid. Fuente: Twitter

Greta Thunberg paseaba por los pasillos de Katowice con su padre como la niña adolescente que era y hasta pudimos hablar con ella, con su padre, sin tumultos, más bien con ninguna expectación a su alrededor. Intervino en Katowice, el mundo la escuchó y comenzó a tomarla en serio. Luego vino el impresionante fenómeno Greta a nivel mundial.

Madrid a mi entender ha dado un giro copernicano a las últimas COP, una cumbre donde la sociedad civil ha empujado a los políticos. Donde ya no se conforma con buenas palabras. Donde la voz de los científicos ya no es cuestionada. Donde se ha visto la transversalidad del Cambio Climático, con ministros y representantes de Economía, de Industria, de Educación, de Agricultura, por supuesto de la Ciencia, etc. Donde hemos vuelto a oir las voces disonantes de países que siguen pensando en sus economías como la India, China o Brasil o el mismo Estados Unidos quizás en la creencia estúpida de que sus fronteras les protegeran de un problema global como el cambio climático. Y una COP también dónde se han tomado acuerdos que no creo sean tan menores.

Con Sylvia Earle en la COP25

Pasó sin pena ni gloria la denominación que Chile había dado a esta COP como la COP Blue. Así nos lo recordó Sylvia Earle, siempre entrañable, con la que nos encontramos por los pasillos de IFEMA, «No ocean, no life. No blue, no green. No ocean, no us.».

El reciente Informe Especial sobre el Oceáno y la criosfera en un clima cambiante del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) ya destaca los impactos del cambio climático sobre los oceános y las consecuencias resultantes para las áreas costeras y sus comunidades.

Por primera vez, en Madrid se reconoció la importancia de los oceános como «parte integral del sistema climático de la Tierra» y se acordó tenerlo presente  en los diálogos formales de la mitigación y la adaptación que se desarrollarán en el encuentro de junio de 2020 en Bonn  del Órgano subsidiario de asesoramiento científico y tecnológico, SBSTA, que será un momento crucial para que este compromiso forme parte del diálogo de la COP26. Un primer paso muy importante para integrar los oceános en las COP, olvidados hasta ahora.

Y se aprobó un Pacto de Acción de Género, que reconoce el papel de la mujer frente a la crisis climática. El texto acordado es una hoja de ruta para garantizar la inserción de igualdad de género de forma transversal en todas las políticas climáticas a nivel nacional e internacional. Se abordan medidas a desarrollar como equilibrio de género, participación y liderazgo de la mujer. Cambios que van más allá de tener mayor representación en la toma de decisiones en materias medioambientales sino que deja explícito que el cambio climático afecta de manera diferente a hombres y mujeres.

Pero es cierto que no se logró el anhelado acuerdo sobre el artículo 6 del Acuerdo de París de los Mercados de Carbono, pero quizás fuera un gran acierto no lograr un mal acuerdo. Sobre la bocina un frente unido de 30 países, entre los que se encontraban España, Francia, Reino Unido, Portugal, Alemania, Nueva Zelanda, etc., y que incluía tanto países industrializados como en desarrollo, publicaron los «Principios de San José» para una Alta Ambición e Integridad en los Mercados Internacionales de Carbono. Principios que incluyen tanto elementos técnicos como políticos sobre los mercados de emisiones. Entre ellos,  puntos sobre qué debe ser medido, cómo encajan los mercados de carbono en los planes climáticos nacionales y cómo pueden conectar con la preocupación mostrada por los países en desarrollo acerca del apoyo financiero.

No pudo ser, el trabajo quedó a medias. Aunque salimos con los océanos; acción de género; compromisos de mayor ambición de países, regiones, ciudades, bancos, fondos y empresas gracias al incansable trabajo del Champions de la COP Gonzalo Muñoz  y con un European Green Deal que como europeos nos marca el escenario. 

Y con dos ideas claras para Euskadi y el año 2020 en este campo: una puesta en valor del papel de los gobiernos subnacionales y regiones así como la importancia crucial de trabajar con decisión la adaptación.

No queda tiempo, esto es una carrera de fondo que debemos realizar a un muy alto ritmo y si podemos sin tropezones. Nos faltan esas reglas de juego para todos del Acuerdo de París . Pero es tan grande el desafío que no podemos caer en el desaliento. Esperanza para los acuerdos mundiales en el 2020.

Change The Change. Estación Ilusión.

Pero ocurrió algo muy especial en mi vida laboral el año 2019: Change the Change, la conferencia internacional que organizamos en marzo en Donostia-San Sebastian en el marco de la I Semana Vasca de Cambio Climático. Especialistas nacionales e internacionales fueron a Donosti y nos contaron historias de éxito, nuevos modelos de negocio y debatieron sobre los retos a los que nos enfrentamos como sociedad frente a los efectos del cambio climático.

Compartimos esos días con científicos, empresarios, economistas, banqueros, exploradores, cocineros, meteorólogos, educadores, activistas, políticos, industriales… se me pone la carne de gallina recordandolo. Aún hoy me conecto para oir alguna charla que desgraciadamente me perdí en la vorágine de la organización. Lo recomiendo.

Han pasado muchos meses y me siguen preguntando, más bien pidiendo aquellos que tienen más confianza, que volvamos a organizarla. La verdad es que confluyeron tantas cosas para que fuera una experiencia inolvidable y que pudiéramos vivir tanto en 3 días que es difícil de resumir todas las vivencias.

Partimos de una máxima: no queríamos un congreso de expertos para expertos. Queríamos un encuentro de debate, de discusión, de interacción, transversal, dinámico, de aprendizaje, inspiración, con los mejores de cada área, que llegara a la ciudadanía….y creo que lo conseguimos. Pusimos el cambio climático en el centro del debate, no sólo en Euskadi, en una ola imparable hasta hoy.

Porque creemos que tenemos que hacer el cambio desde el conocimiento, somos las personas más informadas que hemos vivido nunca en este mundo y las que realmente debemos realizar ese cambio del cambio, ese Change the Change.

La lista de ponentes es un lujo que no voy a exponer, porque me quedo con aquellos que hicieron posible se organizara y con los que compartí la ilusión no sólo de esos días sino de muchos meses de desvelos pero también de risas, imbatibles por el desaliento. Aquellos que construyeron la Estación Ilusión: los Xabier, Yolanda, María Jesús, Daniel, María, Silvia, María Antonia, Aitor, Jesús, Mónica, Pedro, Alvaro, Teresa, Hugo, Jose Ignacio, Iñaki….un equipo que cree en lo que hace y lo hace bien. Aprendimos mucho y crecimos. Es un recuerdo vivo que aún nos hace sonreir.

Despedida en el andén de la Estación Vida

Pero el año también trajo sus dolores. Muy íntimos y profundos. Despedidas en el andén de la Estación Vida. Gero arte Ama. Agur.

Hola 2020!. Vamos a por tí!.

 

 

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